Dormir mejor no depende solamente de acostarse temprano. Descubrí cinco hábitos sencillos que pueden ayudarte a construir una rutina nocturna más saludable y reparadora.

El descanso influye en la energía, el estado de ánimo, la concentración y la recuperación física. A pesar de su importancia, muchas personas intentan mejorar el sueño únicamente aumentando la cantidad de horas en la cama.

La calidad del descanso también depende de los horarios, el ambiente, la exposición a la luz y las actividades que realizamos durante el día.

Estos cinco hábitos pueden ayudarte a construir una rutina más favorable.

1. Mantené horarios regulares

Intentá acostarte y levantarte aproximadamente a la misma hora todos los días, incluso durante los fines de semana.

La regularidad ayuda a que el organismo reconozca cuándo debe mantenerse activo y cuándo debe prepararse para descansar. No es necesario que el horario sea perfecto, pero conviene evitar cambios muy grandes entre un día y otro.

Si querés modificar tu horario, hacelo gradualmente, adelantando o retrasando la hora de dormir en intervalos pequeños.

2. Prepará un ambiente adecuado

El dormitorio debería ser un espacio asociado principalmente con el descanso.

Para mejorar el ambiente:

Si no podés controlar completamente la luz o el ruido, un antifaz o tapones auditivos pueden ser alternativas sencillas.

3. Disminuí el uso de pantallas antes de dormir

La luz y la estimulación de teléfonos, televisores y computadoras pueden dificultar la transición hacia el descanso.

Intentá desconectarte de las pantallas al menos 30 minutos antes de acostarte. En ese momento podés optar por una actividad tranquila:

El objetivo es crear una señal repetida que ayude al cuerpo a reconocer que el día está terminando.

4. Prestá atención a lo que consumís por la tarde y la noche

La cafeína puede permanecer activa durante varias horas. Si tenés dificultades para dormir, evitá café, energizantes y otros productos con cafeína durante la tarde o la noche.

También conviene evitar comidas demasiado abundantes y el consumo de alcohol cerca de la hora de acostarse. Aunque el alcohol puede producir somnolencia inicialmente, también puede afectar la continuidad y la calidad del sueño.

Si tenés hambre antes de dormir, elegí una opción ligera que sea fácil de digerir.

5. Movete durante el día y buscá luz natural

La actividad física regular puede ayudar a conciliar el sueño y mejorar el bienestar general. No necesitás realizar un entrenamiento intenso: caminar, estirar o realizar una actividad que disfrutes también cuenta.

La exposición a la luz natural, especialmente durante la mañana, ayuda a regular el ciclo diario de sueño y vigilia.

Si los entrenamientos intensos te mantienen demasiado activo, procurá no realizarlos inmediatamente antes de acostarte.

¿Cuántas horas necesitamos dormir?

Las necesidades cambian según la edad y las características personales. Como referencia general, los adultos suelen necesitar al menos siete horas de sueño por noche.

Sin embargo, no se trata únicamente de contar horas. También es importante observar cómo te sentís durante el día: energía, concentración, somnolencia y facilidad para realizar tus actividades habituales.

¿Cuándo conviene consultar?

Hablá con un profesional de la salud si:

Los problemas persistentes de sueño pueden tener diferentes causas y merecen una evaluación adecuada.

Empezá con un cambio posible

No hace falta modificar toda tu rutina al mismo tiempo. Elegí uno de estos hábitos, mantenelo durante varios días y observá cómo responde tu cuerpo.

Dormir mejor suele ser el resultado de pequeñas decisiones repetidas con constancia.

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Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta con un profesional de la salud.